Conclusiones sobre mi mes sin azúcares añadidos

Hace algo más de un mes me propuse probar cómo cambiaría mi vida si dejara de tomar tanto azúcar. Sé que un mes es poco, pero dados mis hábitos, que ahora explicaré, ha sido realmente un giro abismal en mi dieta. Me decidí a probar sin mucha fe en que cambiara gran cosa a corto plazo. En esta entrada os contaré cómo me ha ido y las cosas que he aprendido con este ejercicio.

Primero de todo, ¿qué exactamente pretendía cambiar y por qué? Aquí explicaba el reto, pero ahora lo amplío. Mi dieta es generalmente considerada sana, porque como de todo, e intento usar la cabeza. Si un día he estado sentado muchas horas, no voy a cenar un costillar de cerdo. Intento adecuar lo que como al consumo de calorías, y por lo tanto busco un balance. Además, prefiero el horno a la sartén, y si hay que freír, a la plancha y con poco aceite. No me gusta mucho la sal, si fuera por mi aliñaría todo con ajo y pimienta, excepto en sopas y cremas donde un pelín de sal no molesta.

Si como tan responsablemente, os preguntaréis por qué he tenido que hacer un cambio en mi dieta. Bueno, la responsabilidad no acompañaba con el tema azúcar. Solía pensar erróneamente que necesitaba el dulce, que me daba energía para llegar al final de días de trabajo estresantes compaginados con ocasionales sesiones de natación. Si salía a desayunar fuera, mi elección era casi seguro una pasta (croissant, napolitana de chocolate, donut, etc…), acompañado de café con un sobre de azúcar entero, a veces más si el café es amargo. Ese café dulzón no sería el único, pues me he llegado a tomar 6 en un día. Y para comer a mediodía, le tengo que sumar una coca-cola, a veces dos, o cualquier otro refresco azucarado. En casa, zumo embotellado con azúcar añadido. Y alguna galleta, chocolate o pastel. Es decir, una cantidad ingente de azúcar. No he engordado, lo creáis o no, a pesar de abusar de esta forma del dulce. Pero tenía ansiedad, y mucha. A veces necesitaba dulce con tanta intensidad que dejaba lo que estuviera haciendo para ir a comprar un snack dulce. Me costaba dormir, y eso causaba que me pasara el día cansado. El cansancio me hacía desear algo dulce para animarme. Era un círculo vicioso, y solo este año me he dado cuenta de esto y he admitido que. efectivamente, tenía un problema.

Es cierto que beber o comer sustancias azucaradas me daba fuerzas, o eso creía. No puedo ni pretendo explicar científicamente por qué esto era así, pero ante un “bajón”, tomar azúcar tenía un efecto envigorizador, me daba cierto impulso. Es muy posible que todo estuviera en mi mente y que lo que en realidad tuviera fuera síndrome de abstinencia. Todo esto es lo que pensaba antes de mi experimento.

Cambios en la dieta

Pasé de la rutina anteriormente explicada a no tomar refrescos de ningún tipo, ni zumos embotellados. Solo he bebido agua, y en alguna ocasión una clara (cerveza con limonada). También en este mes me he hecho algún batido de fruta 100% (melón, sandía), y lo he tomado en dosis normales (como si me comiera una pieza de fruta). Los cafés con stevia o sacarina, dependiendo de la disponibilidad del bar donde lo pidiera. Ahora llevo stevia encima.

Cosas que he dejado de tomar:

  • Azúcar, tanto refinada como morena,
  • Refrescos,
  • Pasteles, excepto un par de ocasiones y porque eran caseros,
  • Bollería industrial,
  • Cualquier comida o bebida que llevara azúcar añadida como uno de sus principales ingredientes (ejemplo: chocolate, chocolate a la taza, horchata, granizados, batidos)

Los primeros días

Tengo que decir que los primeros días fueron muy duros. Me sentía cansado, tenía cierta ansiedad… y además me di cuenta de golpe de cómo de profunda era mi relación con el dulce. Hasta que no me lo prohibí a mí mismo, no fui consciente de cómo de complicado sería evitarlo. Y no por problemas de fuerza de voluntad, sino por la omnipresencia del azúcar en TODO. Haz el ejercicio un día de mirar las etiquetas de lo que comes y bebes, y suma los gramos de azúcar. Al final del día súmalo y divídelo entre 7, y sabrás más o menos cuántos sobres de azúcar te has metido en el cuerpo.

Entonces fue duro, pero por la complejidad de tener que evitar cosas que ni sabía que fueran tan dulces. Por otro lado, no hay muchas alternativas. Si buscas un zumo embotellado o refresco sin azúcar, probablemente te topes con el característico y terrible sabor de la sacarina. Yo he llegado a tolerarlo a base de partir pastillas por la mitad o usar medio sobre. Es un sabor que mata el de la bebida al que se lo añades.

Solo he encontrado una excepción, y es de la casa Valor. Me tomé un chocolate caliente que pedí sin azúcar, y llamé al camarero al notar el dulce sabor del azúcar. Me dijo que no llevaba, que era stevia, pero una variedad más avanzada que no sabe tanto a edulcorante. Todo lo demás, sabía a una mezcla de dulce y metálico, con un fondo amargo.

chocolates valor sin azucar

En cuanto a cómo me sentía, pues la palabra es cansado. Estaba cansado, y mucho. Los primeros días tenía una flojera constante, pero la verdad es que era llevadera, y sentirme así lejos de desmotivarme me hacía querer limpiarme de esa dependencia del dulce.

El esfuerzo ha sido poco, la recompensa alta

Por lo tanto puedo afirmar que he dejado los malos hábitos atrás, y aunque solo haya pasado un mes, ahora miro los dulces que antes comía y no me apetecen. Es más, me provocan cierto rechazo, quizá porque ahora soy consciente del daño que me estaban haciendo. Estos son los cambios más importantes que he notado:

  • Ya no siento ansiedad
  • Duermo mejor (seguramente por la falta de ansiedad)
  • Ya no me levanto cansado como antes (probablemente consecuencia directa de dormir mejor)
  • No me dan ataques de hambre, como a mis horas y no me apetece pararme a picar algo
  • Tengo bastantes menos “antojos” que antes
  • No he notado un cambio en mi peso sustancial, se ha estabilizado bastante. Antes mi peso era más cambiante, pero en periodos más largos de tiempo. Quizá es pronto para medir este parámetro, un mes no es suficiente.
  • Tengo digestiones menos pesadas
  • He notado menos cambios de humor, que tenía identificados. Estar cansado y dormir mal me provocaba a veces estar de mal humor, sobre todo porque me molestaba tener bajones de energía en mitad del día. Ahora me siento mejor, más descansado, y contento por no tener más este problema.
  • Me he dado cuenta de que también las alternativas sanas pueden en exceso ser dañinas. Si dejo de tomar azúcar pero me meto medio kilo de uvas en el cuerpo de una sentada, también lo estoy haciendo mal, y eso es difícil de asimilar aunque parezca extraño decirlo. Una persona sana no asocia comer mucha fruta con un exceso de azúcar.
  • Y por último pero no menos importante, siento orgullo porque he conseguido un gran cambio en mi vida que afecta positivamente en mi salud, y he sido constante.

¿Y ahora?

Obviamente no voy a volver atrás. Mi mes sin azucares añadidos se convierte a partir de ahora en una vida más saludable. Además, aunque empecé quitándome el azúcar de las bebidas, eso ha hecho de alguna forma que en general me apetezca menos dulce y elija cosas más sanas. Hace unos días pedí una tarta de limón que no pude terminar, me daba náuseas acercarme otra cucharada a la boca. Seguramente comeré dulce, porque ninguna enfermedad me lo impide, pero será con cabeza, y sin excesos. Lo mismo que hacía con los fritos y las grasas saturadas, ahora lo haré con lo dulce.

Quisiera hacer un llamamiento a las empresas de alimentación y restauración, para que cambien. La abundancia de azúcar en los supermercados, bares, restaurantes, es sinceramente abrumadora. Y no solo eso, también la intensidad de los mensajes tentándonos. Sin ir más lejos, este soy yo intentando tomarme un café sin azúcar…

coca cola

Me imagino a la gente que no puede o no debe tomar azúcar no porque así lo elija sino porque le va la vida en ello, o la salud. Personas con sobrepeso, diabéticas, deben pasarlo realmente mal. Solo cuando nos ponemos en sus zapatos nos damos cuenta de que la sociedad nos ceba, con comida basura, con azúcar en cantidades venenosas.

En fin, hasta aquí este reto, que ahora se convierte en hábito. He ganado la apuesta que hice conmigo mismo y con mis amigos, que conociéndome seguramente se reirían al leer que iba a recortar los dulces. También en Twitter, he recibido apoyo y consejos, y desde aquí quiero agradecerles, sobre todo a Juan Revenga, y a Patia Diabetes por la difusión. Gracias también a mi chica por apoyarme, y a mi familia por ponerme a prueba alguna que otra vez llevándome a heladerías y chocolaterías en mitad de mi abstinencia…

Estas son algunas de las fotos que ha dejado este mes…

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Starbucks, ahora con stevia…

Helado de Tiramisú y café... un clásico

Helado de Tiramisú y café… un clásico

Mi chica tomándose un helado conmigo...

Mi chica tomándose un helado conmigo…

Y por último, este soy yo, sintiéndome menos cansado, con más energía y más contento…

luis serrano

Sobre el Autor

luis

Technical Project Manager, con más de 15 años de experiencia en desarrollo web. Fotógrafo y productor de vídeo amateur. Bloguero, usuario activo de varias redes sociales, especialmente calles, cafeterías y restaurantes. Fan de Batman. Felizmente casado con una chica geek. Nómada.

Copyright © 2014. Luis Serrano. Todas las opiniones vertidas en este blog son personales y no representan de forma alguna a las empresas en las que trabajo.