“La chica con nombre de Princesa”, o “Cómo conocí a mi esposa”

Volver a La Tierra no es fácil. Y no hablo metafóricamente ni de teoría, sino de la práctica real de salir de nuestro planeta y luego volver a entrar. Parece fácil, ¿verdad? El blanco es grande y fallar el tiro parece impensable, por complicado. Pero resulta que, a pesar de ser tan enorme el planeta respecto al tamaño del hipotético objeto que sale de él, para reingresar de nuevo este objeto tiene que tener mucho cuidado. Ha abandonado un medio denso, con varias capas de gases y atmósfera, y ahora está en el espacio, formado por…. el vacío. Y para poder regresar a casa, por el bien de su integridad física, ha de tener en cuenta la fricción. No puede entrar de cualquier manera.

Acercarse de frente y a lo bestia no funcionará. Será como el que se tira de bruces y en plancha a una piscina. Duele y se puede romper algo. Elegir un buen ángulo pero ir muy despacio tampoco es buena idea, la fricción frenará al objeto en una capa quizá muy exterior, y a saber qué es de él. Puede acabar quemado o cayendo quién sabe dónde. Y nosotros no queremos eso. Por lo tanto es importante entrar a una buena velocidad y con una buena inclinación. 

Y si eso funciona con planetas y naves espaciales, ¿por qué no con las personas y las flechas de Eros? Si lo pensamos, cada persona es un mundo (planeta). Y el amor es esa semilla que intenta colarse en ese mundo ajeno y desconocido, para germinar dentro y así conquistarlo.

Las personas también tenemos capas protectoras, igual que los planetas tienen atmósfera. Y depende de cómo nos entren, o cuándo, o con qué velocidad, la historia puede acabar de forma diferente (o no llegar ni a empezar). Cuanto más mayores nos hacemos y más experiencia hemos tenido, nuestra capa protectora crece y crece, y se va haciendo más opaca. Nuestro mundo interior está menos expuesto, menos visible, tapado por las nubes del desengaño y las cosas que "hemos aprendido" (aka "prejuicios"). Pero sigue siendo una atmósfera, y al final, por muy opaca que sea, nunca será sólida, y por tanto, se puede atravesar. Igual que con un planeta, no todo lo que intenta cruzarla llegará a tierra firme sano y salvo. Las formas cuentan, y al contrario que en la física aeronaval, aquí los movimientos premeditados, calculados, no tienen por qué ser los mejores.

Dicho esto, que resume un poco lo que me ha pasado con mi ahora esposa, entraré más en detalle contestando a tus preguntas.

Yo no la conocía ni la busqué. Andaba yo tonteando con una chica que vivía a 350kms de distancia cuando mi pareja apareció. Si he contado la historiera de las capas y las atmósferas es porque yo mismo soy un experto en la materia. La mía es amplia y llena de nubes. Incluso tengo cañones apuntando p'arriba por si ven algo acercarse demasiado, y tirar a derribar. Solo aceptaba a mujeres complicadas en mi vida, porque sabía que no intentarían nada "peligroso". Vendrían, harían su jueguecito de la conquista, y todo lo que se llevarían de mi cabe en una "bolsita" de látex. Era divertido y yo me sentía a salvo. Para una persona que se ha mudado ya 20 veces por 4 ciudades de dos países, acostumbrado al cambio en todos los niveles, era una dinámica bastante sencilla de afrontar. De hecho, el cambio era casi una rutina.

Fue uno de esos cambios lo que trajo la estabilidad. Una empresa de selección me llama un día, quieren ofrecerme un trabajo. nuevo. Oh! Nuevo! Mi palabra favorita. Voy! Y así fue, me presenté en la entrevista y conocí a una headhunter bastante atractiva. Me entrevistó durante una hora, a solas, y me llenó de esperanzas. Me dijo que era el candidato perfecto para el puesto. Me fui a casa pensando en indagar más sobre la empresa final, y les encontré en Twitter. Ese "follow" cambió mi vida para siempre. 

La receptora de mi interés por la empresa fue una chica con nombre de princesa de Disney: Yoleidy. Ella empezó a seguirme de vuelta, desde su cuenta personal. Yo no caí en la cuenta hasta días después, y cuando me había quedado con su nombre (y su cara) para hacerle algunas preguntas sobre la empresa, llegó una sorpresa. Una amiga común tuvo a su primera hija, y en las fotos que subió al Facebook, nos etiquetó a unos cuántos. Entre los nombres estaba el de la chica Twitter. Con la excusa me atreví a enviarle un par de mensajes privados, contándole el hallazgo de la casualidad, en un tono más personal. Y de paso dejé caer la posibilidad de tomar un café juntos, para "hablar de la empresa", obviamente. Ella aceptó. Una ventana en mi atmósfera se estaba abriendo sin motivo alguno, esta chica era una total desconocida para mi. Pero me pareció una casualidad mística que quedaba muy bien como excusa para quedar con una chica guapa. Sin pretensiones, quién sabe qué iba a ocurrir. Cuando ella aceptó lo último que pensé fue en preguntarle por la empresa. Yo iba a ligármela. Esa era la intención real, si soy sincero conmigo mismo y con el mundo. 

No hubo tiempo de idealizarla, de hacerme de ella una imagen que no se corresponde con la realidad. No chateamos durante días o meses esperando al momento perfecto para un encuentro cara a cara. Simplemente pasamos de ser desconocidos a tener una razón para estar un día en el mismo sitio y a la misma hora. Lo más parecido a detener a una persona por la calle y empezar a hablar con ella. Twitter y Facebook, sin embargo, fueron decisivos. Porque en este mundo tan conectado, estamos todos muy solos. Da igual cuánta gente haya alrededor, sin una excusa somos como campos de fuerza que se repelen. Rehuimos miradas y sonrisas. Nos encerramos en la pantallita de nuestro móvil para conectar con personas a las que apenas conocemos, mientras nos sentamos en el mismo tren, sillón de casa o mesa de restaurante con nuestros amigos, hermanos o incluso parejas. Quizá sin la excusa que dio pie a una cita, un día ella podría haberse sentado a mi lado en el metro. Ni la habría visto. No habría reparado en sus ojos, sus labios, su pelo. Estaría demasiado ocupado maldiciendo a mi operadora por tener una cobertura tan pésima y no dejarme enviar ese tweet tan vital. O habría estado haciendo retweets de titulares maravillosos sin leer el contenido de los links. O habría estado pinchando en el "like" de alguna foto con morenas exuberantes. Y de paso, perdiéndome a la morena que se sienta justo a mi lado, pierna con pierna, tocándome con su codo sin darse cuenta… porque también está a lo suyo con su móvil. Una pareja ideal, ignorándose olímpicamente porque están ocupados "conectando".

Pero bueno, demos las gracias a la amiga común por propiciar la cita, y también demos gracias a que el cohete Yoleidy apuntó sin querer en el ángulo perfecto y a la velocidad adecuada. El ángulo perfecto, porque ella no intentó nada. La cita fue cordial, agradable, pero sin indirectas, ni piropos, ni señales de desesperación por encontrar pareja. Fue simplemente amable conmigo, y se comportó como si estuviera tan cómoda como yo. El café se alargó y salimos a dar un paseo. Hacía frío en esa noche del recién estrenado enero, así que propuse cena. Ella, que se había pasado la tarde recordándome que había quedado para cenar con unas amigas, aceptó. Al parecer esas amigas la habían dejado plantada y ella ya se había hecho a la idea de cenar fuera.

La cena sí tuvo alguna miradita, pero también poco evidentes, aparentemente desprovistas de intención alguna. Solo en los postres algún gesto más cercano. Le ofrecí una de mis trufas (sucedáneo de), y se la acerqué a la boca con mi cuchara. Lo hice porque me salió así, y ella aceptó la dulce bolita con tranquilidad, aunque dándose cuenta de que un chico no le mete algo en la boca a quien no le interesa.

Nos despedimos sin ganas de despedirnos, pero eso solo lo supimos mientras nos decíamos adiós. Yo, que mido casi 2 metros, había bajado ya 3 escalones de la boca de metro de Plaza Cataluña. Ella, una chica ni muy alta ni muy bajita, quedaba así a mi altura, en mi eye-line. Nos dimos la mano para despedirnos, y nos soltamos sin soltarnos, deslizando las manos, sintiendo algo mientras nos mirábamos fijamente a los ojos. Pum. Directo a tierra. Con todos ustedes, el proyectil que ha conseguido pasar, con el ángulo perfecto y la velocidad justa, mi densa atmósfera. Su mano acariciando la mía fue como un disparo a mis defensas, los encañonó con precisión destrozándolos en un solo movimiento. De pronto sentí que había desperdiciado todas esas horas haciéndome el duro, y según su mano estaba a punto de dejar la mía, también lo hacía mi fría coraza de Don Juan de pacotilla. Cuando la punta de nuestros dedos se había alejado ya unos milímetros, pero nuestras brazos seguían en alto y apuntándonos mutuamente, lo último que quería era irme. Pero me fui, tan tocado que me subí al tren incorrecto, el último de la noche, por cierto. Y me dejó en un pueblo perdido de la mano de dios sin posibilidad de coger un tren de vuelta, no habían más. Podría haberme bajado en la parada anterior, en la que podía hacer transbordo con un tren y así llegar felizmente a mi casa. Pero estaba hablando con ella por WhatsApp, y ella me había dicho que tampoco quería despedirse, que le gustaba haber pasado la tarde "con un chico guapo". A ver, si me anda rematando también por chat, cómo voy a preocuparme por tonterías tipo "a dónde va este tren a estas horas de la noche?". Lógico, ¿no? Pues nada, me bajo del tren, móvil en mano, diciéndole a la chica que me he perdido por su culpa, por ir pensando en las musarañas y no prestar atención a la megafonía o a los carteles. Ella se solidarizó conmigo, le dio pena imaginarme en un pueblo -con fama de chungo- a esas horas de la noche y sin tren de vuelta. Me ayudó a localizar a los taxis locales, líneas de bus nocturno, etc. Hacía mucho frío, 1 grado, y esperé en la calle al taxi al que llamé, enfrentándome al frío, pero chateando con ella. Al final, como el taxi no aparecía, corrí detrás de un bus nocturno, lo alcancé (me sorprendí a mi mismo esa noche, tengo que confesar), y me subí. Iba a dar la vuelta al mundo antes de dejarme en el centro de Barcelona (donde ahí sí, un taxi me dejaría en unos minutos en mi casa). Y de camino hablé más con ella, todo por chat. Ahí sí hubieron confesiones, guiños e intenciones. Pero como no tenía defensas ya, porque las desintegró en la despedida, el camino a mi corazón era ya tierra lisa y sin obstáculos. Con cada frase me dejaba atrapar más y más. Si pudiera cambiar algo de nuestra historia, creo que cambiaría eso; me habría gustado verle la cara, mirarla a los ojos mientras nos decíamos las primeras cosas con significado trascendental. Pero igual si lo cambiara no habría devenido en lo que ahora es. Así que, en el fondo, no me arrepiento de nada.

Volvimos a vernos otra vez, la invité a mi casa para ver una serie (Fringe) que ella misma me había recomendado. Desde ese mismo día ya éramos pareja, en la práctica. Oficialmente se lo pedí el día de Reyes. Y desde aquel día soy feliz. Soy feliz como nunca, porque no le tengo miedo. Ella vuela a otra altura, por encima de mis miedos, por encima de mi tortuoso pasado. Ella no pertenece a la misma dimensión que las lágrimas o las mentiras que forjaron mi coraza. Con ella no me pregunto ni por qué ni hasta cuándo, y el día a día es fácil. Ella nunca me pidió ir más despacio o más deprisa. Ella nunca me ha exigido nada. Lo que hemos hecho el uno por el otro lo hemos hecho por instinto, porque es lo que queremos hacer. Estar juntos se basa también en ese principio, ella está conmigo porque es lo que quiere, y yo con ella porque es lo que quiero. No es una relación basada en la necesidad, ni es resultado de una lucha contra nada ni nadie. Es un evento vital que llegó sin escribir ninguna fórmula matemática que lo hiciera posible o lo forzara. Pasó, estuviera o no escrito en un fascículo de la Enciclopedia Destino.

Y esa falta de fricción hizo posible cualquier cosa. Que nos viéramos cada día sin "agobiarnos". Que a los pocos meses de conocernos, ella decidiera venirse conmigo a otra ciudad (Pamplona) cuando me salió trabajo allí. Que me dijera "sí, quiero", cuando un día la miré a la cara y no pude más que pedirle que se casara conmigo. Todo con ella es posible, a su lado yo soy yo, ella es ella, y juntos somos "nosotros". 

Nuestra relación, una de las mejores documentadas gráficamente (ambos además somos locos de la fotografía), sigue en la vida real cada vez mejor. También en las redes sociales, donde se nos conoce como pareja sin ningún género de duda. Nuestro amor tiene muchos testigos, muchos likes, follows, y algún unfollow. Pero el único follow que me importa es el que el 7 de abril de 2012 tuvo lugar en un pueblecito que representa mis raíces, donde celebramos nuestra boda. Yo nunca fui de la idea de casarme, ni me gustaban las bodas como fiesta. Pero la nuestra fue espectacular. Recibimos el calor y el apoyo de toda la familia, la suya y la mía (que ahora son la misma). De nuevo las redes sociales fueron culpables de la repercusión del bodorrio. Convocamos a los invitados mediante un evento en Facebook, enviamos las invitaciones a correos electrónicos. Hojas de cálculo de Google Docs ayudaron con la decoración, contratación de catering, buses, fotógrafo y otras tantas cosas de una boda internacional. La familia de mi mujer, venezolana, se trasladó a un escondido rincón de Castellón para ser testigos de la unión. Por supuesto, la culpable (en parte) de que estemos juntos también asistió y nos hizo una sesión de fotos muy divertida, aunque vigilada de cerca por el fotógrafo oficial. Y mi familia, que reside en Valencia, una ciudad que dejé hace años para buscarme la vida, se volcó también en nosotros. 

Ese día sentí una reconexión con ellos, sobre todo con mis tíos y primos. Y con mis padres, que se desvivieron por mi, los dos, cada uno a su manera. Me sentí como cuando era pequeño, y estaba siempre en familia, en un entorno seguro, a salvo de todo. Y mi mujer igual, su familia (y ahora, también la mía y con mucho gusto), estuvieron a nuestro lado haciendo un monumental esfuerzo para asistir. Esfuerzo que no se reflejó en sus caras o sus sonrisas. Estaban tan encantados de estar allí como nosotros de tenerlos cerca. Siempre estamos conectados, vía Facebook, pero no es comparable a pasar un rato todos juntos.

Ahora, ya casados, nos enfrentamos al futuro de la mano. Perdí mi trabajo en Navarra a un mes de la boda, gracias a la inconsecuente y arbitraria decisión de una persona que no pasará a la historia de mi vida (todo lo contrario). Mi ex-jefa, una persona tan envuelta en la teoría de "lo profesional" como incapaz en la gestión humana, nos proporcionó más aventuras que vivir. Mudanza express a Barcelona, encontrar un piso y un trabajo en una semana, compaginado con los preparativos de una boda. Triángulo Valencia-Pamplona-Barcelona, mil gestiones, 4.000 kilómetros en una semana, pintar, recoger, trasladar, encontrar hoteles, apartamentos, coches de alquiler. Si algo nos quedó claro en ese mes fue nuestra extraordinaria aptitud y diligencia para trabajar en equipo y sacar adelante cosas que suponían esfuerzo mental y físico. Toda una lección que en mi currículo quedaría espectacular, y que además me enseñaban que lo que opinen de mi algunos mediocres profesionales me la debería traer floja. Y de nuevo una demostración, y de las convincentes, de que con mi chica nada es imposible. Ella me motiva, me apoya y me hace ver el futuro siempre en positivo. Quiero pensar que soy lo mismo para ella, de hecho creo que lo soy, porque ella no pierde ocasión para recordarme que es feliz conmigo.

Me gustaría que esta historia real inspirara a gente que sienta lo que yo sentía, que nunca más amaría, que lo que quedaba de mi era la cáscara de lo que un día fui. Aunque estemos dolidos o tengamos miedo, aunque la vida nos arree con todas sus fuerzas, nunca perdamos la esperanza. Esto es algo que yo nunca habría reconocido antes de conocer a mi pareja, lo sé, es fácil decirlo desde mi posición. Pero el amor llegará, cuando menos lo esperes, cuando menos lo busques. No importa cuánto intentes esconderte, como dicen las canciones moñas. Un día alguien llegará sin avisar y revolucionará tu vida. No te conformes con menos, no te resignes a sentir a medio gas. Cuando lo que te alcanza lo hace como un camión que te acaba de atropellar a toda la velocidad, esa es seguramente la persona correcta. O vaya, si fue un camión,  entonces lo tienes complicado. Pero si era una persona, entenderás las frases más ñoñas que he soltado en esta parrafada. 

Y, en honor al tema que nos ocupa, diré: sí, puede pasar a través de las redes sociales. Pero levanta la vista de vez en cuando mientras tuiteas… tu pareja ideal puede estar justo frente a ti.

Foto: Raquel Cerdá Muñoz

Sobre el Autor

luis

Front-End Developer con más de 15 años de experiencia en desarrollo web. Fotógrafo y productor de vídeo amateur. Bloguero, usuario activo de varias redes sociales, especialmente calles, cafeterías y restaurantes. Fan de Batman. Felizmente casado con una chica geek. Nómada.

10 Comentarios

Deja un comentario
  • Olé, olé y olé! pues habiendo sido testigo directo de la parte de la historia en Pamplona (y confabulador indirecto de la pedida de mano también) me alegra saber que dos personas tan especiales en mi vida se han conocido de esta manera, 2 buenos amigos que se quieren, están juntos y felices frente toda clase de adversidades que han tenido que sortear.

    No creo en el destino, pero si creo que el destino abre caminos para que conozcas gente que enriquece tu vida, me alegro que así fuese por ustedes.

    Solo queda una cosa por decir: si venden los derechos Hollywood los derechos de la historia me invitan al set a ver como se rueda la peli :D

    Un abrazo para los dos, ser felices que se lo merecen!.

    • Jajajaja! Gracias :-)

      Película de Hollywood no creo, pero libro seguramente sí… esto lo escribí hace un tiempo a petición de una escritora, que está creando un libro lleno de historias como la nuestra. Por cierto, la otra parte implicada escribió también su propia versión ;-) Hasta ahí puedo decir…

  • Hoy cumplimos dos meses casados y a pesar de que pasa el tiempo yo me siento como si fuera ayer que fuimos a por ese café en el Starbucks de Rambla de Catalunya. Cada día es una nueva aventura justo a ti en la que me embarco sin dudas ni miedos porque se que contigo todo es posible. Gracias por llenar mi vida de tantas cosas maravillosas cada día niño!

    Te adoro!

    Y

  • Qué bonita historia la de su encuentro y cómo de forma inesperada se conocieron, conectando de manera mágica, casi instantánea, descubriendo poco a poco el uno al otro.

    Disfruten de la vida juntos, se tendrán entre ustedes para apoyarse en todo lo que pueda acontecer en el presente y el futuro.

    Un saludo.

  • Hola! Queria daros la enhorabuena xq sois un halo de esperanza para aquellos que ya no creemos en el amor. Con toda está crisis existencial y cambio de conciencia que hay la gente esta muy perdida y deja de creer én él principio fundamental de la vida; él amor. Creo que hay “tú otra parte” y que no hace falta buscarla, si está en esta vida que se se encuentren se encontraran y si no, en otra vida, xro siempre siempre se acaban encontrando! Enhorabuena xq uds dos lo hicieron en esta!
    Un abrazo y os deseo lo mejor!

    • Buenas Rocío! Te puedo decir que yo pensaba como tú, antes de llegar a donde estoy he pasado por momentos muy, muy oscuros en los que ni creía ni quería creer en el amor. Después de muchas decepciones, algunas de ellas muy graves, me daba por perdido. Pero mira, la experiencia me demuestra que hice bien en no rendirme. Quizá dejé de buscar, pero no me escondí tampoco, y al final el destino me unió a esta maravillosa persona. Yo no creo que haya una vida después de esta, pero sí creo que una vida física pueden ser muchas vidas emocionales. Porque pasamos por tantas etapas, y tan distintas, que casi es como nacer y morir varias veces.

      Mucho ánimo y, aunque lo que te digo parece lógico y fácil de decir desde mi posición, creo que a todos nos llega el momento de encontrar a ese alguien especial, más tarde o más temprano. Y cuando llega, hay que cuidarlo y disfrutarlo, porque somos mortales y una de las dos partes puede dejar de existir. Incluso en ese caso, creo que se puede volver a empezar. 

      Nadie dijo que la vida fuera fácil, pero si no nos rendimos a las dificultades, tampoco es imposible vivirla.

      Gracias por tu comentario!

  • Chaval….. me has matado con tu historia. El peor momento ha sido cuando has dicho que cogiste un metro y te quedaste colgado en un pueblito a las afueras, confirmaste que era en "Barna"….. me has dejado de piedra. Servidor por desgracia tuve una situación similar justamente en Barcelona, pero esto no ha acabado tan bonito, aun cuando podría ser algo similar. Siempre hay puntos blancos y negros. Tu tuviste suerte y acabaste con tu amor, servidor corrió 2000 kilometros tras una persona y un dia se quedó en Mataró mas solo que la una sin saber qué hacer a la 10 de la noche de un jueves santo, llegando a Sant Adria a las 4 de la mañana del dia siguiente. Ahora, 6 años despues y 2000 kilometros mas lejos, se pregunta uno en que falló.

    • No siempre se trata de suerte. Creo que fue la decisión, quizá inconsciente, de dejarme de tanta tontería e intentarlo. Tengo un historal bastante complicado de relaciones surrealistas y bastante dramáticas. Después de 34 años, ya era hora de acertar :-)

      Gracias por comentar y bienvenido a mi blog!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Copyright © 2014. Luis Serrano. Todas las opiniones vertidas en este blog son personales y no representan de forma alguna a las empresas en las que trabajo.