La aventura de emprender (parte 1)

Hola a todos. Hoy es lunes, pero no se lo voy a dedicar a la sección Asco de Lunes. En su lugar, voy a escribir sobre algo positivo: Emprender. Esa palabra que llena blogs, páginas web, conferencias, libros de coaching y timelines tuiteras. 

Pero, ¿qué es emprender? Entendemos como emprendedor a aquel que no se conforma con la falsa seguridad de un puesto de trabajo y busca algo más. Crear su propia empresa, comercializar un producto o servicio, en fin, ser su propio jefe y dueño de su propio destino. 

Yo creo que ni el trabajador es esclavo de nadie ni el emprendedor es totalmente libre. No es blanco o negro. Es cierto que el trabajador por cuenta ajena es un iluso si piensa, en los tiempos que corren, que tiene garantizado el futuro. Por mucho contrato indefinido que tenga. Por mucho que se lo curre. Por mucha confianza que tenga con los jefes. No importa, está a merced de cosas de las que tiene poco o ningún control. O poca o ninguna consciencia, también.

Antes de meterme en el tema de emprender, os voy a contar una historia para reforzar la idea de que el emprendedor tiene más control sobre su situación. Si quieres, te lo puedes saltar. Sobre todo si eres empleado por cuenta ajena; no quisiera ser el responsale de que esta noche… no duermas.

Ojos que no ven, batacazo que te pegas

Os voy a contar una historia que nos puede pasar a todos (o nos ha pasado ya), y que ilustra la gran desventaja del empleado frente al emprendedor: el desconocimiento de la situación real en la que te mueves.

Pongamos como ejemplo a un chico, que entra por recomendación en startup lóngeva y próspera, con buen cargo y buen sueldo. Contrato indefinido. Confianza con el Director general y fundador, que roza el colegueo. Tiene libertad de sugerir, proponer e idear proyectos. Puede subir como la espuma si está dispuesto a asumir responsabilidades. El ambiente en la oficina es bueno y hay trabajo para aburrir. ¿Suena bien, verdad? Este chico podría incluso plantearse una hipoteca en estas condiciones, ¿cierto? Podría incluso pensar en casarse, y tener hijos, basándose en esta seguridad en su puesto de trabajo. Pero… un día de fin de mes, uno de esos en los que el chico espera la nómina como agua de mayo porque acaba de pagar la fianza de su nuevo alquiler, la nómina no ha llegado todavía. Es viernes, y no suena ninguna alarma. 

Pero llega el lunes, y tampoco hay rastro de la nómina. Mira la cuenta y hace sus cálculos para la semana. Tendrá que esperar esa tarde de compras, ya se comprará ropa más adelante. Puede ir al super igualmente y comprar para un par de días. Martes, miércoles, jueves, viernes, ¿qué pasa con la nómina? Lunes, correo a Administración: "No me ha llegado la nómina". Tampoco le llega respuesta. Hay rumores en los pasillos, en la cafetera. Otra vez la han cagado con la transferencia. Algún padre de familia, de los que más gastos tienen, lleva la pregunta en persona a su responsable. Este no puede contestar, porque nadie le ha dicho nada.

Ante el mosqueo generalizado, el Dpto. de Recursos Humanos envía un mailing a todos los empleados. Disculpas por el retraso, hemos tenido un problema con el banco que nos ha impedido hacer la transferencia, estamos a la espera de solucionarlo lo antes posible. Algo de tranquilidad entre los empleados, ya ha pasado alguna vez -aunque no tantos días-. 

Pero pasa una semana y no hay nóminas. Ahora sí que se está poniendo feo, estamos a 20 y no hemos cobrado. Qué-está-pasando.

La chica de Administración se harta de la avalancha de correos preguntando lo mismo y ya ni contesta. Ni el día 20 ni el día 30, cuando las nóminas llevan un mes de retraso. Pero entonces estalla la noticia: reunión general el viernes para explicar lo que ha pasado y finalmente solucionar el problema. 

El chico no solo no ha salido a comprar ropa, sino que además ya está desenpolvando la tarjeta de crédito por si las moscas. El débito se acaba. No vive con sus padres desde hace una década; se buscó la vida y ahora está en una ciudad cara. Comparte piso, el transporte es caro, y se ha fiado de su nómina mensual y su facilidad para encontrar trabajo. Es vulnerable a contratiempos de este tipo. Se acaba la pasta y no sabe qué pasa. Pero hay una reunión, y allí está sentado en círculo frente a uno de los socios de la empresa, que carraspea, rodeado del personal del Dpto. de Finanzas, las chicas de Administración y algún directivo con cara poker. Frente a ellos y junto a nuestro desafortunado amigo, hay otras personas. Mileuristas, padres de familia, mandos medios, jefes… todos ellos personas. Algunos de ellos sufriendo por sus finanzas, y otros además por el estado de ánimo de las personas de las que son responsables, a las que no pueden dar respuestas -que no tienen ellos mismos-. 

Habla el directivo, silencio sepulcral. Por una serie de circunstancias, el banco ha bloqueado algunas de las cuentas de la empresa. Se está renegociando un crédito y por razones que blah blah blah bullshit no os podemos pagar. Pero en un par de días firmamos y volverá todo a la normalidad, podéis estar tranquilos.

Pero no hay tranquilidad. Ni nómina el siguiente mes, Ni al siguiente. Sí han habido más reuniones en las que se ha dicho de todo, al principio mentando a los sufridos "par de días", y luego ya algo más sinceros, con un "no sabemos cuándo". Ya no es una renegociación, es que se han "tomado algunas medidas" para desbloquear el dinero y los bancos reaccionan cerrando el grifo. Esas medidas, las que "el banco había obligado tomar a la empresa", resultaron ser un ERE (Expediente de Regulación de Empleo aka Patada en el trasero) . No se explicó así, ni mucho menos. Se ocultó ese pequeño detalle para que los trabajadores siguieran… trabajando gratis, basicamente. De hecho, a los tres meses, cuando el chico ya había planteado denuncias junto a sus compañeros, llegó una reunión distinta. Los jefes decían tener al fin la solución. Se anunciaría el lunes, porque aún no se disponían de suficientes datos como para dar una fecha concreta. Iros a casa tranquilos, el lunes todo será mejor.

Y el lunes el chico no fue a trabajar, porque tenía una cita importante con el médico. Lástima, se perdería la fiesta, el cotillón y los fuegos artificiales. Llegó a su casa después de la prueba médica, tenía que guardar reposo. Se sentó en su ordenador, ansioso por saber qué había pasado. Abrió su cliente de correo y.. uhm… qué extraño, no podía acceder a su cuenta de email. Un intento, dos, tres. Finalmente, mensaje vía twitter a un compañero: "¿Qué ha pasado?". No hay respuesta. Llamadas a otros compañeros, SMS, correos desde la cuenta personal. Finalmente llega el mensaje de la muerte: "Tío, nos han hecho un ERE del 40% de la plantilla. Estás incluido". Aha… por eso no podía entrar al correo. Pero, ¡un momento! El chico era "amigo" del director y fundador, ¿cierto? Y además entró recomendado por un amigo común. ¿Cómo era posible que se estuviera enterando por Twitter? El chico abre Skype. Encuentra al dire. Le pregunta: "¿Es cierto? Me he enterado por Twitter". Contestación: "¿Por twitter? Anda que… Te llamaré y hablamos". No hubo llamada. Lo que sí hubieron fueron  muchas revelaciones, pero no de los directivos. Tras pasar por la oficina, recibir el discurso buenista-hemos-hecho-todo-lo-posible (y ser escoltado a la puerta como una persona non-grata), el chico y el resto de afectados se juntaron para reclamar salarios adeudados y para poner en orden su situación (paro, FOGASA, indeminazación, etc). Y durante ese tiempo, en el que unas cuantas personas compartieron desgracia y devenir, salieron muchas verdades a flote. Las oscuras maniobras de la empresa para engañar a los inversores. El maquillaje de las cuentas de resultados. Las pérdidas. La deuda millonaria con la Seguridad Social. La mala gestión. Todas esas cosas que el chico, por supuesto, desconocía. Todas esas cosas que tú, como empleado, desconocerás en caso de que ocurran. Te enterarás igual que este chico, el día que una mano amiga en tu hombro te guíe hacia la puerta, mientras portas en una bolsa de plástico los efectos personales que tenías en tu escritorio. O cuando te vayas a trabajar a otro sitio y tus nuevos compañeros resulten ser ex-socios de tu ex-empresa, y te cuenten entre risas cómo habían recibido cartas de la Seguridad Social anunciando la super deuda. 

En fin, que como empleado, tú crees que puedes verlas venir, pero ay amigo, qué equivocado estás. Verás venir una bronca si no has cumplido con tu trabajo, verás venir que no habrá paga extra ni caja de Navidad porque "estamos en crisis". ¿Pero ese tipo de movimientos tectónicos? Para cuando notes los temblores, la lava de la erupción ya estará fundiendo los cimientos de tu "seguridad". Serás un dato más en la estadística, el testimonio humano de un Documento en el BOE. 

Ahora que he desmontado el mito del contrato indefinido, pasemos al tema que realmente ocupa esta entrada: El emprendedor.

El Emprendedor

Hemos quedado en que el emprendedor es aquel que no se arriesga a que le pase todo lo que le ha ocurrido al desgraciado del ejemplo anterior. O que le ha ocurrido y no quiere repetir. Así que decide no arresigarse con eso… ¡y arriesgarse de formas más creativas! 

Ahora toca hablar de esta opción, tan cacareada en los medios e incluso en programas electorales. Pero eso será en la segunda parte. Atento que se publica en breve!

Continúa en Parte 2

Sobre el Autor

luis

Technical Project Manager, con más de 15 años de experiencia en desarrollo web. Fotógrafo y productor de vídeo amateur. Bloguero, usuario activo de varias redes sociales, especialmente calles, cafeterías y restaurantes. Fan de Batman. Felizmente casado con una chica geek. Nómada.

  • Pingback: Luis Serrano (@luisnomad)()

  • <editado por admin por motivos legales>

    jajajajaja… 😉 Esperando la v2.0.

    • Jajaja mira que eres pendejo! He tenido que editar tu comentario porque acertabas de pleno, pero legalmente (y por respeto al resto de protas) mejor dejarlo en anécdota, jejeje.

  • Estoy de acuerdo que tener un contrato fijo no es una garantía hoy en día, aunque si una cierta tranquilidad en según que empresas. La diferencia que yo veo, estando en los dos lados, y habiendo sufrido una vez el caso que expones (aunque a mi personalmente me dieron hasta el ultimo céntimo sin reclamarlo) es que como emprendedor si la cosa se jode, no hay una cobertura social detrás

    • Eso es cierto, no tienes cobertura social. Pero al menos sabes más o menos (a no ser que no seas nada previsor o demasiado iluso) cuándo te va bien y cuándo te va mal. Puedes anticipar la caída y hacer algo al respecto. Si dependes de otro que no es precisamente trigo limpio ni honesto, puedes encontrarte con el marrón cuando es demasiado tarde para reaccionar. Creo que básicamente la diferencia entre uno u otro tipo de riesgo en que sólo tienes control total cuando tu pilotas la nave.

      Gracias por comentar!

  • Pingback: La aventura de emprender (parte 2) | luisserrano.es()

  • Pingback: La aventura de emprender: lo que debes saber si piensas en ser tu propio jefe()

Copyright © 2014. Luis Serrano. Todas las opiniones vertidas en este blog son personales y no representan de forma alguna a las empresas en las que trabajo.